
Te enamoras de un personaje, de una fantasía, de una ilución. Te enamoras de las palabras, de las letras. De la intriga de no verse, de sentir e interpretar lo que cada uno quiere. De pensar cada respuesta, de no actuar por impulso.
Te limitas a un par de palabras, de algunos gestos, que no podés vivir. Te limitás al no contacto, a no escuchar, a leer y escribir. A no sentir la situacion, a no mirar a los ojos ni ver cuando salen las palabras de su boca. Te limitas a no saber quien habla, quien siente, quien piensa.
No ves los gestos, perdes la magia, no sentis los nervios de la mirada, de los compromisos. Perdés oportunidades y deseos. Que solo podés imaginar, pero no vivir. No sentir, no querer. Imaginarlos como queremos que sean, pero que nunca vamos a saber como son en verdad. Ganas confianza de lo que no existe, de la persona que no ves, con la que no hablas o mirás. Por la que no sentís frente a frente, por la que te jugás sin concer. Por la que te crea una ilucion, un sueño. Te crea magia que en realidad, no existe.

