04 febrero 2010

Detras de ese azul cielo y más transparente que ninguno, posada como mi mano sobre su hombro una estrella descanza en la oscuridad de su luz. Sombría como la noche y palpitante como la llama de la vela sobre la mesa. Distante y pensativa, preocupante y enamorada. Deja de brillar cada vez un poco más, y sin razón de ser, llora desconsoladamente. Solitaria, extraña a su amor clandestino, y sabe que nunca más volverá. Se preguntó, una y otra vez como superarlo, como olvidarlo, pero esta vez las respuestas no estaban en el viento. Ya habían volado hacia otro sentido, y cansada como niguna, decide seguir su viaje hacia otro cielo, hacia otro mundo, en ese que tal vez, y solo tal vez, su amor sería solo suyo.