No escribo porque quizás escribirte es traerte de nuevo, es nombrarte mil veces y es no poder olvidarte. Exactamente eso. Cómo quiesiera que pasaras desapercibido como si nunca nos hubieramos conocido, como si cada una de las palabras no hubieran nublado mi mente y me hubieran hecho enloquecer. Que las miradas no nos quemen profundamente y que no te necesitara tanto. Pero siempre hay algo que me lleva a encontrarte, de la manera más sencilla, tan sólo en recuerdos y largas charlas. Y justo cuando puedo creer olvidarte y dejarte a un lado, volvés retomando la parte del pasado que más te conviene. Mintiendome, mintiéndote.
Haciendo más dulce un lado de la historia, el que preferís contarme para que no vuelva a detestarte, y para volver a necesitarte como siempre- aunque no lo sepas- pero sí lo creas. Algo de lo que no estás completamente seguro, pero que podés apostar como si no tuviera valor alguno. No lo tiene, no para vos. Mis sentimientos y mi dependencia hacia vos, nunca tuvieron valor. Y es por eso que la historia completa, la cuento yo sóla. Con todas las metiras y verdades, tristezas y alegrias, llantos y risas. Porque esa historia está a flor de piel, a flor de MI piel.

