Hay tantas veces que busco escaparme a algún lugar en el que me sienta a salvo. Ocultarme del resto del mundo, taparme con una sabana y desaparecer, ser completamente invisible, invensible. Sin miedos ni miedo a perder, a salir lastimada, a caer, a volver a fallar. Sin miedo a equivocarme, teniendo la certeza de hacer las cosas bien.
Busco esos lugares que quedan dentro de uno, que construyo en mi cabeza cada vez que necesito, los recuerdo y me siento a salvo.
Mi primer casa, el tobogan del patio, la cama de mis viejos, mi pieza. La habitacion en la casa de mi abuela, el banco de madera, el quincho, el comedor, la mesa con las cosas de la escuela. Mi cama cuheta, la parte de adelante de mi casa, el tapial blanco y bajito que en ese momento parecía tan alto... El almacén de la esquina, la vereda, el edificio de al lado. La heladería de enfrente, la esquina, el parque con mi abuelo, la calesita con mi hermano...
Córdoba, la primera vez. La cabaña, las sierras, el campo. El parque de diversiones, el zoologico.
Mil y un lugares incontablemente mágicos, que conservan en el recuerdo un gran valor, una gran necesidad de volver. Puedo ver el espacio en el tiempo, como se descuidan los tesoros como estos siendo tan importantes...
Recordarlos, es una manera de volverlos a vivir.

