Por un momento pensé en secar mis lágrimas y esperar verte volver, para dejarte entrar de nuevo. Pensé que con un par de palabras y perdones podíamos remediar lo que se había roto, hasta que descubrí que no había nada que arreglar, no hay nada que decir, ni nada por lo que luchar. Gracias por enseñarme lo que era el amor, encerio.