08 febrero 2010

En mi cielo ya no hay estrellas permanentes; solo una que brilla para siempre. Las demas se van desvaneciendo y dejando en mí todo el dolor que llevo dentro.
Algunas son momentáneas y les doy - sin querer- el brillo que no tienen. Les otrorgo mis alegrías y tristezas y las cargo de un sentimiento prohibido. Colman su brillo y sentido sin pensar lo sucedido y se escapan, dejando en mi su escencia que quedá aquí por siempre.