25 noviembre 2013

De repente me encontré sola, pidiendo que las personas que entraban en mi vida lleguen para quedarse, para nunca más irse... así ya no podía sentir ese dolor que presiona el pecho, ese llanto incesante de angustia y dolor...
No era la primera vez, pero dolía como si lo fuera... quise mantener entre mis manos todo lo que quedaba con tal de que no se escurriera y terminara desapareciendo, pero se fue, de a poco a poquito... lo poco que quedaba se terminó yendo.
Y fue ahí que pensé que no era la primera y que tampoco iba a ser la última... que iba a seguir pasando, porque en eso se basan las relaciones humanas, en un dar y recibir, en un crear y destruir, con mayor o menor frecuencia.
Había sentido que esta vez era diferente, que podía cambiarlo y ser eterno... para siempre, indestructible, fuerte... pero con el tiempo pude ver que pocas cosas en la vida lo son... y el amor, era lo más difícil de mantener constante y prendido.
Al fin y al cabo los únicos que quedamos somos nosotros y nuestras cicatrices....